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Columnistas

El handball es un deporte de hermanos. Por Leo Maciel

Por Leo Maciel

Empecé a jugar al handball en el colegio, a los 12 o 13 años, porque varios de mis compañeros tenían a sus hermanos mayores que ya jugaban y nosotros los mirábamos con admiración. Recuerdo empezar séptimo grado sabiendo que en contraturno ya podíamos elegir handball y que ahora nos tocaba a nosotros formar una nueva camada. Veíamos los entrenamientos de los más grandes y nos quedábamos a sus partidos los sábados a la mañana. Eran nuestros ídolos y referentes y aún hoy en mi memoria siguen haciendo cosas imposibles con la pelota. Era muy chico y no sabía nada de nada más allá de mi colegio. Ya en ese entonces se me presentaba esta hipótesis: el handball es un deporte de hermanos. Mi sueño era llegar a jugar con el hermano de mi mejor amigo (que es como mi hermano). Estaban los hermanos Maedo y también el rumor de los hermanos Portela, que iban al colegio pero estaban federados en River.

Poco a poco ese horizonte de conocimiento sobre el deporte se fue expandiendo, primero al pasar a Dorrego y después al sumarme a la Selección Argentina. Y en cada expansión de conocimiento esa premisa se cumplía y aumentaba. Conocí a Diego Simonet y en seguida me contaron que eran tres hermanos y que Seba, el mayor, se estaba por ir a jugar afuera siendo juvenil. Debía ser el año 2005 y los recuerdos ya empiezan a solaparse, pero cualquier cosa que preguntara parecía tener ese condimento. “Hay dos arqueros que son hermanos, que ahora no están pero que son buenísimos”. “Ese es el hermano de Eric Gull”. “Ellos tres son hermanos, son los hijos de Elio Fernandez”. En Argentina esta particularidad pareciera ser la norma: Pizarro, Shulz, Canepa, Fernandez, Simonet, Scovenna, Bono, Vieyra, Acetti, Torres, Portela, Crivelli, Karsten, Canzoniero, Viscovich, Gull, Pardales, etc, etc. Cada club cuenta con varias camadas de hermanos y hermanas que jugaron o juegan al handball. Ya hace muchos años que no juego en Argentina, pero sospecho que esto sigue cumpliéndose. 

Después me fui a jugar afuera y mi sorpresa fue mayor. Al expandir ese horizonte, el fenómeno se repetía a nivel internacional. Descubrí a los Karabatic, los Entrerrios, los Dujshebaev, los Landin, los Toft Hansen, los Gille, etc. Seguramente es una situación que se da en muchos deportes, naturalmente, pero siento que en el nuestro en particular es la característica que refleja su esencia más pura. Sin colgarnos la medalla de los valores morales y prácticamente sin reflexionar sobre esto, el handball es uno de los deportes más sanos que existe. La fraternidad que hay entre compañeros, rivales, aficionados, entrenadores, árbitros y hasta prensa es palpable en todos los ámbitos en que puedas desarrollarte. Vínculos y lazos para toda la vida, recuerdos imborrables y juntadas año tras año. Quizás sea un deporte muy chico, quizás sea una manera romántica de ver las cosas. Pero en mi mundo y en el de muchxs otrxs el handball ocupa ese terreno familiar y cercano aun en los más altos niveles de competencia. 

Sin colgarnos la medalla de los valores morales y prácticamente sin reflexionar sobre esto, el handball es uno de los deportes más sanos que existe.

Veía en estos días varias notas sobre el juego olímpico de los Simonet, o el de Nacho y Fede Pizarro; y tal vez porque convivo con ellos o porque veo esas notas desde hace años a veces no dimensiono realmente el hecho de cantar el himno y salir a la cancha al lado de una persona a la que viste empezar a caminar o que llamaste llorando porque tenías miedo. Es un lugar común y medio kitsch el de la hermandad en un equipo; y la literatura tal vez no tenga transcripción para ciertas cosas. Yo creo que no entran en ningún idioma las sensaciones de 4, 8, 12 o 20 años de preparación para un evento. La condensación de la suma de todos los momentos, los golpes y los goles. Liquid Luck. 

Terminamos la primera semana en Tokio y por suerte pronto entramos a la Villa y empezamos a jugar nuestros primeros amistosos. Vamos afinando detalles y aumentando ansiedades. Pero sobre todo vamos disfrutando de la convivencia una vez más. Porque cuando estamos acá extrañamos a nuestra familia, pero cuando estamos allá extrañamos a los gladiadores; y justamente para algunos eso es literalmente lo mismo. 

Arquero de la Selección Argentina de Handball y del Barcelona.

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