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Columnistas

Garbarino o el “mirá que te como” de una crisis cantada

Por Jairo Straccia

Cuanto más grave es un conflicto, más se nota lo gelatinosa y extraña que es la gestión económica del Gobierno. Cuanto más opaco es un empresario, más difícil es que no la choque o que no se mande a mudar al ver que se complica la cosa. Cuanto más se acumulan las crisis, más difícil es salvar los puestos de trabajo atados a un modelo de consumo, ahora que el poder adquisitivo ya no es lo que era.

Esos son, ni más ni menos, los tres teoremas que emergen del colapso de Garbarino, la histórica cadena de electrodomésticos que está cerrando sus puertas en todo el país de manera tan anunciada como por ahora inevitable, en lo que constituye la mayor caída de una empresa durante toda la administración del Frente de Todos. La semana pasada hubo una movilización al Obelisco. La extensión de la empresa a lo largo de todo el territorio puede detonar en cortes y protestas en todo el país en los próximos días.

Cuando arrancó la pandemia, Techint Ingeniería y Construcción desvinculó -al pararse distintas obras- unas 1500 personas, en aquél episodio que hizo que el Presidente hablara de empresarios miserables. La aerolínea Latam se fue del mercado de cabotaje y liquidó 1700 empleos en medio de acusaciones de los gremios. Ahora, casi cuatro mil personas están quedando en la calle al derrumbarse uno de los iconos de la venta de artículos para el hogar, que había sido comprado a la familia que le dio nombre por el extraño empresario Carlos Rosales.

La histórica cadena de electrodomésticos está cerrando sus puertas y constituye la mayor caída de una empresa durante toda la administración del Frente de Todos

Y todo ocurre en pleno año de elecciones sin que nadie se inmute.

Sin posteos de “Estado presente”

Es loco pero no hay reacción oficial. Durante 2020, la empresa pareció sobrevivir cuando el Estado pagaba puntualmente los sueldos a través del programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), el rescate generalizado que se asignaba  a todas las empresas en plena pandemia. Pero cuando se terminó ese plan, se potenciaron los problemas que venían de mucho antes que las restricciones sanitarias por el coronavirus.

Deudas estimadas en $15 mil millones con los proveedores de electrodomésticos, las empresas de servicios, los que alquilan los locales y también la AFIP, más ya tres meses sin pagarles a los empleados, empezaron a acelerar la crisis. Hubo protestas en sucursales, trabajadores durmiendo entre televisores en puntos de venta de la Capital Federal, Lanús y Avellaneda, más la toma de la fábrica de Tierra del Fuego, hicieron visible lo que ya era un secreto a voces en toda la industria que veía volar cheques sin respaldo por todos lados.

A partir de entonces, todo giró en torno a la supuesta búsqueda de Rosales de un socio, un inversor o un comprador para la maltrecha compañía, una salida que cada vez que estaba por cerrarse se caía por algún motivo.

El caso más notorio fue la prolongada negociación con Supercanal Arlink, que estuvo en pie hasta el 30 de junio. Tenía el respaldo de todos los que quieren que la histórica firma resista, básicamente porque también temen un efecto dominó en el sector, donde hay seguros de crédito cruzados. Nadie tiene claro por qué no se avanzó. Las malas lenguas dicen que Rosales quería incluir en el paquete de venta un salvataje para deudas que nada tenían que ver con el negocio.

Como sea, lo increíble es que la crisis en Garbarino le viene diciendo al Gobierno “mirá que te como” hace por lo menos tres meses y sin embargo por ahora los funcionarios de distintas áreas son todos Yerry Mina y van camino a errar el penal.

La crisis en Garbarino le viene diciendo al Gobierno “mirá que te como” hace por lo menos tres meses y sin embargo por ahora los funcionarios de distintas áreas son todos Yerry Mina.

Por lo menos ésa es la percepción de los afectados por esta triste historia, que advierten: “Cuando caiga la empresa habrá un costo social muy grande”. Ahí empezó a emerger un interrogante. ¿Dónde está el Estado? En días de posteos de vacunados con la leyenda “el Estado presente” y “el Estado te cuida”, la crisis de Garbarino viene con WhatsApps de empresarios y sindicalistas reclamando la intervención del gobierno nacional para evitar un colapso cantado.

“No se entiende por qué no llaman del Gobierno y fuerzan un arreglo”, dice un actor relevante del mundo de la electrónica. En realidad, hubo contactos durante un tiempo desde el Ministerio de Desarrollo Productivo a cargo de Matías Kulfas. No se sabe si intervino el Ministerio de Trabajo que conduce Claudio Moroni.

Según pudo saber Diario Con Vos, hubo llamados de intermediarios del mundo del espectáculo en nombre del Instituto Patria, a donde hay que decir que el propio Rosales hizo saber que también mandó cartas. Pero nada. Que haya múltiples ventanillas no implica que se potencien las chances de una solución. Por ahora, todo lo contrario. Se gatillan recelos de los que se sienten gobernados por la espalda.

El extraño emprendedor

Carlos Rosales, el "extraño" dueño

La situación se agrava porque casi no se tienen noticias del dueño, el mencionado Carlos Rosales, que compró Garbarino en un proceso de expansión por lo menos llamativo.

Conocido por ser tesorero del club San Lorenzo de Almagro y dueño de una compañía de seguros llamada Prof, de referencias sinuosas, empezó a ganar lugar en los medios al quedarse con el grupo que incluye también Compumundo, Garbarino Viajes y la planta Digital Fueguina, y casi de inmediato arreglar ser sponsor de Boca y River aún cuando la empresa estaba en una situación crítica. Había arreglado la deuda con el banco Santander y aspiraba a un repunte del consumo.

Por entonces, aparecieron notas en diarios contando la historia del pizzero que se había transformado en una historia de éxito que llegaba a patrocinar hasta el ciclo de entrevistas de Jorge Fontevecchia en PERFIL. Tiempo después, otra sorpresa del mundo de la acumulación de capital argenta: se quedó con Radio Continental y Los 40 Principales. En el mundo de los negocios, cualquier expansión tan veloz y tan diversificada genera versiones de todo tipo respecto de quién es el financista en última instancia, cuando no pronósticos de que todo puede tener un final abrupto.

Con el devenir de las malas noticias, Rosales cambió las notas tipo emprendedor exitoso por la incorporación de un vocero para la crisis.

Con el devenir de las malas noticias, Rosales cambió las notas tipo emprendedor exitoso por la incorporación de un vocero para la crisis. A partir de ahí comunica supuestas nuevas negociaciones con presuntos interesados del país y del exterior. Pero si no era por la filtración de un mail interno donde se informaba que “todas las sucursales cierran hasta nuevo aviso” nadie se enteraba de esos planes. Los portavoces del inhallable Rosales dicen que se bajan las persianas en algunos puntos de venta para evitar robos de mercadería que le achacan a los empleados. Pero hay versiones de que en realidad estaría ganando tiempo para ir a una convocatoria de acreedores, algo que su gente no confirma ni desmiente.

Las perspectivas son preocupantes: la periodista Graciela Moreno, del diario  BAE  Negocios, escribió que los empleados no pueden creer que Rosales en este contexto se estuviera moviendo en su flamante Porsche Cayenne 2021, algo que dejó de hacer cuando se hizo público. Ahí volvió a usar un Ford Mondeo de la empresa.

Un “amigo date cuenta”

El garrón de la crisis de Garbarino es más grande que la inacción del Gobierno hasta ahora y también que la confirmación del tipo de capitalistas que crecen en la Argentina.

Porque refleja además un fenómeno que es un bajón: cómo nos empobrecimos en capacidad de compra de bienes durables. Es apenas otra forma de ver cómo se ha ido moldeando el país después de las crisis de devaluaciones durante el Gobierno de Mauricio Macri y tras el otro escalón que bajamos durante la pandemia sin plata ni crédito y con inflación con Alberto Fernandez.

El mercado de artículos para el hogar refleja el estado general de situación: hoy se vende literalmente la mitad que en 2015. Pasamos de 14 millones de celulares a con suerte 8; de 4 millones de televisores a no más de 2. Y de casi 2 millones de aires acondicionados a unos 900 mil.

Encima el auge del comercio electrónico profundiza un drama mayor: sobran sucursales y empleados de todas las cadenas que no adapten su negocio, que en muchos casos encuentra una deriva financiera con los planes de cuotas con intereses.

Un desafío que no admite siestas.

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