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Columnistas

Por qué arden las iglesias en Canadá

Por Leticia Martínez

Arden las iglesias en Canadá y no es una metáfora. Al menos 10 edificios eclesiásticos fueron quemados luego de que se hallaran más de 1.200 cadáveres de niños indígenas, enterrados sin nombre, en las instituciones en las cuales eran sometidos a un proceso de “asimilación”. El propio primer ministro, Justin Trudeau, sostuvo que entiende “la ira” de la sociedad contra el Gobierno y las instituciones religiosas.

“Genocidio cultural” fue la conclusión a la que arribó la Comisión por la Verdad en 2015, cuando se investigó el accionar de lo que se conoció como “escuelas residenciales”. El malestar social se acrecentó en mayo pasado cuando hallaron una fosa con 215 cadáveres de niños indígenas en Kamloops, en la Columbia Británica, en el suroeste canadiense. El número de cuerpos encontrados escaló y con ello también la bronca que se manifestó en protestas y ataques contra las iglesias y estatuas de la Reina Isabel II de Inglaterra.

¿Qué eran y cómo funcionaban las “escuelas residenciales”?

Las escuelas residenciales funcionaron en Canadá desde 1867, tuvieron un mayor impulso desde 1883 y la última cerró en 1996. Llegaron a ser 130 instituciones, financiadas por el Gobierno federal y administradas en su mayoría por la Iglesia católica y también la protestante. Los establecimientos tenían como objetivo “asimilar” a los niños indígenas.

En los testimonios recopilados por la comisión se repiten las mismas historias: los niños eran separados de sus familias cuando tenían alrededor de 5 años, obligados a profesar el cristianismo y hablar en inglés. El método de estudio se basaba en hacer trabajo agrícola y tareas domésticas.

Cuando se negaban a cumplir con las imposiciones, o simplemente se les escapaba una palabra en su lengua, eran castigados, golpeados y hasta torturados. Tampoco faltaron las denuncias de abuso sexual ni de asesinato. “Uso audífonos porque no oigo bien debido a los golpes que nos daban en la cabeza cuando intentábamos hablar nuestra lengua”, contó a la BBC Geraldine Lee Shingoose, enviada a un internado en Saskatchekan.

Los niños eran separados de sus familias cuando tenían alrededor de 5 años, obligados a profesar el cristianismo y hablar en inglés.

A quienes pasaron por las escuelas residenciales se los conoce como los sobrevivientes. Se calcula que al menos 150 mil niños fueron enviados a las instituciones y entre 4 y 6 mil murieron allí. Hay dificultades para conocer la cantidad de personas que fallecieron, debido a que no se informaba ni siquiera a sus familiares. Si bien no se descuentan los asesinatos, la gran mayoría moría por enfermedades a causa de las condiciones precarias en las que vivían en los establecimientos.

No soy de aquí, ni soy de allá

Según lo que cuentan los sobrevivientes, una vez que salían de las escuelas quedaban en un limbo. Era difícil vincularse con la familia que vivía en las reservas, donde hablaban una lengua que ellos habían sido obligados a olvidar y luego de haber sido educados para rechazar la cultura de la que provenían. Por otro lado, tampoco eran bien recibidos por una parte de la sociedad: hasta hoy la brecha socioeconómica entre los indígenas y no indígenas es de casi el 20% y no ha variado en las últimas décadas, según el Índice de Bienestar Comunitario. La tasa de desempleo de los miembros de lo que se conoce en Canadá como primeras naciones es del 12,6%, el doble del resto de los canadienses.

Ignorados

“Si bien varias personas habían expresado su trauma y pedido de justicia, las violaciones de derechos humanos fueron ignoradas. Solo recientemente cobró impulso el genocidio de los pueblos indígenas por las investigaciones realizadas con radares que permitieron encontrar miles de tumbas sin identificar”, explicó a Diario Con Vos Mathilde Butler, miembro del Instituto canadiense de Desarrollo Sostenible de las Primeras Naciones de Quebec y Labrador, sobre el malestar extendido actualmente en su país.

Los cadáveres encontrados hasta ahora fueron hallados en escuelas residenciales en Columbia Británica, Saskatchewan y Manitoba, y ya son varias las comunidades que pidieron avanzar en otras instituciones. “Si bien el primer ministro emitió una mera disculpa, la Iglesia Católica no ha presentado ninguna declaración ni medios financieros para avanzar hacia posibles reparaciones”, agregó Butler, y remarcó el rol de las fuerzas de seguridad en el proceso de asimilación: “La Policía Montada de Canadá desempeñó un papel importante en la facilitación de las operaciones de las escuelas, se llevaron a los niños de sus familias y se aseguraron de que no ocurrieran rebeliones indígenas”.

El primer ministro Trudeau emitió una mera disculpa. Y la Iglesia Católica no hizo ninguna declaración ni se refirió a posibles reparaciones” (Mathilde Butler, Instituto canadiense de las Primeras Naciones).

"Son un recordatorio vergonzoso del racismo sistémico, la discriminación y la injusticia que los pueblos indígenas han enfrentado”, afirmó Trudeau cuando se conocieron los primeros cadáveres. Lo cierto es que durante más de un siglo las escuelas residenciales fueron una política de Estado que se mantuvo a través de los años y gobiernos, tanto de conservadores como liberales. Incluso durante las administraciones del primer ministro Pierre Trudeau, padre del actual mandatario.

El primer pedido de disculpas oficial por parte del gobierno canadiense fue en el 2008. El actual premier se muestra emocionado frente a los testimonios de los sobrevivientes y avergonzado. Sin embargo, a Trudeau se lo cuestiona por criticar fuertemente a la Iglesia. Incluso, le pidió al Papa Francisco que viaje a Canadá a pedir perdón, como forma de desligar la responsabilidad de la función pública.

“215 es solo el inicio”, rezaban algunos carteles en las movilizaciones que surgieron cuando se conoció la primera fosa y que llevaron a protestas callejeras y quemas de iglesias. Esta metodología de asimilación también se aplicó en otros países como Estados Unidos, otros de Latinoamérica y el resto del mundo. Por lo que todo indica, lo que sucede en Canadá demuestra que aún hay mucha historia por desenterrar. No solo en ese país.