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Columnistas

Copa grande, copa chica

Por Federico Yañez

Entre ayer y hoy Europa y Sudamérica están definiendo a los semifinalistas de sus torneos con escenarios muy distintos en cuanto a organización, dinero, derechos, situación epidemiológica y, sobre todo, juego. Mientras la Eurocopa se jacta de ser un Mundial sin Brasil, Argentina y Uruguay, la Copa América intenta achicar la brecha que parecía solo estar acotada a las competencias de clubes, pero que empieza a crecer también en sus selecciones

Tanto el esloveno Aleksander Ceferin como el paraguayo Alejandro Dominguez, presidentes de la UEFA y Conmebol, tuvieron que postergar para este año los campeonatos que se iban a hacer en 2020. De buena sintonía entre ambos, a veces suelen hacer frente común común contra la FIFA cuando Gianni Infantino intenta reducir su injerencia o abrir el juego más allá de las federaciones más poderosas. Los dos son vicepresidentes del máximo órgano del fútbol mundial y como prueba de camaradería hicieron un intercambio de árbitros. Mientras el argentino Fernando Rapallini ya dirigió tres partidos, entre ellos el de octavos de final donde Suiza eliminó a Francia, el español Jesús Gil Manzano ya arbitró en dos y dirigirá Uruguay-Colombia en cuartos de final. 

Esta es la tercera vez en la historia que los dos torneos se hacen en un mismo año, pero la primera que se juegan casi en paralelo. La final sudamericana será el 10 de julio, mientras que un día después habrá definición en el viejo continente. Hasta 2001 la Copa América se jugaba, generalmente, cada dos años, hubo una edición en 2004, otra en 2007 y desde entonces fue cada cuatro años, salvo por la excepción de la de 2016 con motivo del centenario del torneo. Dominguez impulsó que coincidiera con la cita europea y por eso el Consejo de Conmebol lo aprobó en 2018 como una manera también de evitar chocar con los grandes clubes europeos a la hora de la cesión de jugadores. 

Sin embargo, desde el inicio las diferencias entre ambos torneos son grandes. La Eurocopa fue pensada como la primera de su historia sin sede fija. Once países fueron elegidos, uno de ellos el mítico Wembley de Londres que será el que más partidos recibirá, con ocho, ente ellos las semifinales y la final, aunque ya comenzaron a sembrarse dudas por las situación epidemiológica en el Reino Unido, en días en que la variante Delta crece rápidamente en las islas. Todos los estadios recibieron público, que osciló entre el 25% de ocupación y el 100% del Puskas Arena de Budapest que fue el único que habilitó plena ocupación. El gobierno del derechista Viktor Orban ha tenido un manejo bastante displiscente de la pandemia y desde ahí se entiende la medida. Tampoco dejó ingresar banderas del arcoiris por el mes del Orgullo en días donde el parlamento húngaro aprobó una ley que prohíbe hablar de homosexualidad a menores de edad. En algún punto se emparenta a Jair Bolsonaro que en 2018, durante la campaña presidencial, dijo que prefería un hijo muerto a uno gay. 

Es inadmisible que atletas de equipos de alto nivel, que juegan en Europa, con una calidad de pasto tan alta, vengan a jugar a una cancha en estas condiciones". (Tité, DT de Brasil)

La situación difiere también en torno a la calidad de los campos de juego que se ven en mal estado puesto que no esperaban ser utilizados para el torneo (y no recibirán público). De las cinco sedes, el Maracaná solo será utilizado en la final, pero el Mané Garrincha de Brasilia, el Nilton Santos de Río de Janeiro, la Arena Pantanal de Cuiabá y el Olímpico de Goiania vienen mostrando canchas con césped en mal estado o que se levanta y eso los equipos lo marcan. Tité, el entrenador de Brasil, que estaba en contra de hacer la Copa América en su país, fue lacónico tras el partido con Colombia por la zona de grupos. "Tenemos que entender el partido dentro de un contexto y de una cancha que no llamaré horrible, pero que es muy mala para jugar. Perjudica todo el espectáculo. Quien quiere crear, no puede. Es inadmisible que atletas de dos equipos de alto nivel, que juegan en Europa, con una calidad de pasto tan alta, vengan a jugar en una cancha en estas condiciones". En la previa se sumó además la negativa de los estados de Recife, Porto Alegre y San Pablo de ceder sus estadios. Para evitar el papelón en la final, se inició hace una semana el resembrado en el Maracaná, costeado íntegramente por la Conmebol, y aspiran que para el 10 de julio estará listo.

En Brasil se sigue jugando el Brasileirao y por eso no se podían utilizar otros estadios. 

La Copa América, en estos días rebautizada Copandemia, originalmente también iba a ser la primera con organización conjunta entre Argentina y Colombia, con la intención de tener un aforo del 30% en los estadios, pero no pudo ser. La situación sanitaria y sobre todo la crisis social que se vivía en el país cafetero llevó a Conmebol a quitarle la sede con la promesa de tener la de 2024. El gobierno de Alberto Fernández, a pesar de sostener que esto no iba a disparar casos, no quiso asumir el costo político de tener el torneo y en días donde los casos tocaron los 40.000 diarios, renunciaron cuando se hablaba de recibirla junto a Chile o Uruguay. Dos semanas antes del inicio se confirmó que Brasil recibiría el torneo luego de una reunión del Consejo de Conmebol donde las opciones eran esa o la suspensión. Sorprendió porque en Brasil la situación epidemiológica es peor que en Colombia y Argentina y con el gobierno que más minimizó el coronavirus de la región. Es, detrás de Perú, el que más muertos por millón de habitantes tiene en Sudamérica y el segundo a nivel mundial con más de 520.000. El clima es un factor que complica, ya que en el hemisferio norte el calor y mayores niveles de vacunación permiten licencias que aquí no se pueden tomar. Chile ya tiene al 56% de su población completamente vacunada, pero mayoritariamente con la vacuna de Sinovac que es la de menor efectividad, lo mismo que Uruguay, que llega al 49%. El que sigue es Colombia con el 14%, mientras que Argentina, sexta en porcentaje con dos dosis en el continente, llega al 9,1%. En Europa la gran mayoría de los países supera la mitad de su población vacunada y algunos países, como España e Italia, autorizaron no usar barbijos al aire libre, lo que no quita que puedan volver a necesitarlo. 

La Copa América, por estos días rebautizada Copandemia, iba a ser la primera organizada en conjunto por la Argentina y Colombia.

De acuerdo a la información provista por la UEFA, hay 228 licencias entre países y territorios nacionales en donde se transmite la Eurocopa, que es televisada por las principales cadenas mundiales, que en Argentina tiene a Directv y TNT Sports como agentes oficiales. La situación cambia con la Copa América donde la cantidad baja a 174 con algunas particularidades. De las cinco ligas top, en el Reino Unido se emite por la BBC, pero en Alemania nadie compró los derechos, en Italia solo Eleven Sports, la empresa de streaming de Andrea Radrizzani, el dueño del Leeds, para Francia solo se puede ver por la web del diario L´Equipe y en España inicialmente solo los adquirieron los canales públicos de Galicia y Cataluña. Con el torneo comenzado Gerard Piqué, ausente en la Eurocopa, compró los derechos a través de su empresa Kosmos y se los cedió gratis al streamer Ibai Llanos para que pasara los partidos por Twitch, a cambio de que publicite las finales de la Copa Davis, cuyos derechos compró el defensor hasta 2043. Directv televisa para la gran mayoría de Sudamérica, mientras que en el país además se suman TyC Sports y la Televisión Pública. 

A nivel juego, se vieron mejores partidos en la Euro e incluso hay mayor concentración de riqueza en materia de figuras. Cristiano Ronaldo se convirtió en el máximo goleador del torneo e igualó al iraní Ali Daei como los que más goles hicieron con un seleccionado. Karim Benzema regaló destellos, Sergio Busquets es la guía de España, Raheem Sterling aportó los goles para Inglaterra, Romelu Lukaku demuestra su nivel, el checo Patrick Schick es la revelación e Italia recuperó la memoria. En deuda quedaron Kyllian Mbappé, Robert Lewandoski y Alemania que cayó bien contra los ingleses. En la Copa América todo queda atado a Neymar, que es la manija de Brasil, y Lionel Messi, desesperado por un título y goleador del torneo. El resto de la figuras no han impuesto condiciones, pero el camino a la final augura esa faceta anímica que solo se ve ahí. Mientras tanto, las diferencias siguen creciendo y prometen ser constantes.