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Columnistas

Feliz día, pa, bienvenido a la tierra de las preguntas

Por Feminacida

Como todos los años, el Día del Padre se celebra en Argentina el tercer domingo de junio. Entre desayunos sorpresa, afeitadoras y relojes de regalo, esta fecha invita a invertir la ecuación y reflexionar sobre las paternidades desde una lente feminista. ¿Por qué es tan importante que ellos también levanten la mesa? ¿Cómo contribuimos desde nuestra propia familia a la reproducción de estereotipos? ¿Cómo repercute esa dinámica en la crianza de les niñes? Comprometerse con la lucha por los derechos de las mujeres y personas LGBTTIQ+ y la tarea de construir una sociedad más igualitaria exigen también hacerse esas preguntas.

Tu casa también puede ser parte del problema

En el calor del hogar, en la intimidad más profunda, los roles de género se hacen visibles en su mayor expresión. Como por “naturaleza”, los escenarios se repiten de casa en casa, de familia en familia, aunque cambien sus protagonistas: en líneas generales, la figura paterna suele estar asociada a una vida profesional activa, largas jornadas de trabajo y poco espacio para las tareas de cuidado. A su vez, en ese esquema, los quehaceres domésticos tienden a ser asumidos por las mujeres.

Es importante aclarar desde el principio que esto no es un invento de “las feministas”: según la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo realizada por el INDEC en 2013 —es la última versión disponible; actualmente se está trabajando en una actualización—, antes del aislamiento las mujeres dedicaban 6,4 horas a estas actividades, mientras los varones rondaban un promedio de 3,4. Durante la pandemia, esa desigualdad en la distribución de las tareas del hogar se incrementó. Si antes se hablaba de la doble jornada laboral de las mujeres, es decir, la sumatoria de estas actividades y la jornada de trabajo remunerado, ahora se puede decir que cargan con una triple jornada, a la que le suma el rol de cuidado y acompañamiento de lxs niñxs en la virtualidad.

Entonces, ¿qué tanto de “elección personal” hay en un fenómeno que se repite casa a casa, familia a familia? ¿Alguna vez te preguntaste si la distribución de tareas en tu hogar fue una decisión basada en un deseo?

Nuevas masculinidades, nuevas paternidades

La revisión y deconstrucción de la masculinidad hegemónica, entendida como aquellos valores que se supone deben tener los varones (ser fuertes, no llorar, no demostrar sus emociones, hacerse cargo de lo económico, entre otros), está hace tiempo en discusión e incluye también la reflexión sobre cómo paternar. Desde los feminismos se proponen nuevos proyectos de masculinidades más libres y empáticas, pero la tarea de cambiar los mandatos impuestos les corresponde, en primer lugar, a ellos. 

Desde los feminismos se proponen nuevos proyectos de masculinidades más libres y empáticas, pero la tarea de cambiar los mandatos impuestos les corresponde, en primer lugar, a ellos. 

Para eso, es fundamental entender que estamos hablando de un problema estructural. Esto quiere decir que hay condiciones en el funcionamiento de la sociedad que hacen que estas brechas de género se sostengan, como el mandato de la familia nuclear, donde el papá sale a trabajar y la mamá cuida de la casa y lxs niñxs. Un informe elaborado por la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género, el Trabajo Doméstico y de Cuidados No Remunerado (TDCNR) evidencia que estas tareas de reproducción son una pieza fundamental en el circuito económico, ya que representan un 15,9 por ciento del PIB y es el sector de mayor aporte en toda la economía. 

La normalización de los hábitos construyó un engranaje que resiste, aunque es cuestionado, y que en estos últimos meses se volvió más evidente, pero que comienza a romperse con la irrupción de nuevas discusiones en clave feminista. Pero ¿cómo podemos salirnos de estas imposiciones culturales? ¿Qué transformaciones son necesarias para que la balanza se nivele? 

Hacia la construcción de hogares más igualitarios

Parte de la solución implica un cambio cultural profundo y una reflexión de cada unx sobre su lugar en el cuidado de otrxs y del espacio que habita. Traer estos debates a la mesa y cuestionar las propias lógicas en nuestros hogares permite entender que asumir tareas de cuidado no es “ayudar en casa”, sino hacerse cargo de lo que le corresponde a cada persona como participante activo en una casa y en una familia.

Desde su tarea emancipatoria y su mirada crítica hacia un sistema injusto para lxs trabajadorxs, los feminismos convocamos a desarticular estas prácticas y a pensar más allá del género y más allá de la clase. Sin embargo, mientras trabajamos por un cambio cultural, también se necesitan políticas públicas que atiendan las demandas más urgentes. Desde ONU Mujeres advirtieron a principios del año pasado que “las y los encargados de formular políticas deben prestar atención a lo que ocurre en los hogares y dar apoyo para lograr un reparto equitativo de la carga de cuidados entre hombres y mujeres”.

Actualmente, desde el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad se está trabajando en un proyecto de ley para conformar un Sistema Integral de Cuidados con Perspectiva de Género que plantee distintas estrategias para evaluar la situación y brindar respuestas que vuelvan más equitativa la distribución de las tareas domésticas y de cuidado. 

La Ley de Contrato de Trabajo (Nº 20.744) todavía designa sólo dos días de licencia por paternidad. Desde distintos sectores de la sociedad existe la demanda para extender este plazo y reconocerlo como “licencia familiar”, para así incluir a todos los tipos de familia y pensar en la corresponsabilidad de la crianza. Por ejemplo, este domingo la organización Privilegiados lanzará la campaña “Paternar”, una iniciativa impulsada desde distintos colectivos de masculinidades, en articulación con sindicatos y organizaciones sociales, para extender la licencia a 30 días. “Queremos más días para poder estar más presentes y entendemos que la pelea por esta licencia es parte de modificar el rol de los varones en las tareas de cuidado y avanzar hacia mayores niveles de corresponsabilidad”, sostienen en sus redes sociales. Esta ley necesita una actualización y es importante que el reclamo también los interpele a ellos.

Algunas conclusiones para profundizar este domingo

La figura del padre distante, que sólo aparece para sentarse en la cabecera de la mesa a la hora de comer y que no se encariña ni se compromete con la crianza de las infancias y adolescencias, ya no va más. Como tampoco la idea de “instinto maternal”, eufemismo con el cual las mujeres fueron confinadas a las tareas de reproducción. Desmontados los argumentos biologicistas, es fácil advertir que ni a los hombres les corresponde naturalmente la tarea de mantención de un hogar ni las mujeres están hechas para asumir las tareas de cuidado. Otras maneras de construir lazos familiares son posibles, y los padres pueden y deben hacerse cargo del cuidado de lxs hijxs, tanto en lo material como en lo afectivo. 

El Día del padre no sólo es una ocasión para hacer regalos y felicitar a nuestros progenitores o a aquellos que cumplen roles paternos, sino que puede ser una invitación para seguir reflexionando sobre cómo queremos vincularnos y qué masculinidades y paternidades queremos construir de ahora en más. Papás, ahora les toca a ustedes.

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