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Cultura & Espectáculos

El sensacional luthier que les saca sonido a burbujas, piedras, alimentos y herramientas

En un superluminoso departamento de Floresta, Javier Bustos explica su obsesión: construir "una imagen que suene". Un estudio lleno de artefactos –ordenados para la entrevista– es el hogar de unas extrañas "esculturas": objetos asociados para crear sistemas capaces de producir sonidos.

Javier enchufa caracoles, que están sumergidos en esferas con agua, a las que les llega aire desde unas mangueras. Las burbujas que surgen se escuchan en el sistema de audio como una mujer japonesa que llora, o como sirenas que cantan. A veces hace que de unos chorizos asándose se desprenda una ebullición espectacular. Otras, arrastra un dispositivo por la arena para registrar las memorias del camino. De repente hay una nueva forma de interpretar lo que se ve. De sentir lo que se escucha.

Miles de "inventos que suenan" existen en el mundo de Bustos. El Materemin, por ejemplo, su primer instrumento comercial. O una intervención creada a partir del juguete spinner  conectado a una radio portátil. Ramas de árbol que, unidas a una varilla de metal, sueltan una música que invita a meditar con la naturaleza. Nada es lo que parece. Todo se transforma para recrear nuevos universos. Pareciera haber una sola condición: entregarse a descubrir otra forma de percibir los sentidos.

Recientemente Javier publicó la obra que creó a partir de Aerodrones, una de sus últimas instalaciones, a Spotify. Mientras tanto, el particular luthier reparte su actividad docente entre los alumnes que acompaña desde su taller y los que participan de la diplomatura en Música Expandida que coordina en la Universidad Nacional de San Martín.

“Cómo encontrar el Mar”: una serie de extracciones, sustracciones y síntesis sobre objetos para recuperar caminos hacia el mar.

–¿Cómo arrancó tu búsqueda? 

–Siempre tuve fascinación por desarmar objetos. Tengo mucha facilidad para desarmar cosas... y muy poca capacidad para armarlas. Los pedazos de objetos empiezan a circular por los espacios y,  de alguna manera, solos se van reacomodando. Así se da que un día se junta, aleatoriamente, una manguera con una canilla con un globo y aparece un instrumento.

Trabajo el sonido pensando en la imagen. Pienso en cómo se ve un sonido o lo inverso: cómo se escucha la imagen.

–¿Cómo es el proceso desde que te topás con un objeto, o lo seleccionás, hasta que aparece la instalación?

–Mi espacio es un laboratorio constante. Todo el tiempo hay objetos. Pero ya tengo una especie de curaduría de lo que puede funcionar en un universo visual. Trabajo el sonido pensando en la imagen. Pienso en cómo se ve un sonido o lo inverso: cómo se escucha la imagen. Así empiezan a aparecer las analogías sonoras en función de esa idea. No en el sentido del sonido que puede desprender ese objeto en su uso cotidiano, sino lo que puede derramar cómo imagen. El 99 por ciento de las veces lo que quiero hacer no me sale. Salen los residuos, que generalmente son mucho mejor que la idea original. La misma materia te está contando algo, eso me sorprende y lo aprovecho.

Bustos en su estudio en Floresta.

–A partir de las inquietudes que ibas desarrollando ¿encontraste respuestas en la educación formal?

–Cursé una licenciatura en artes y estudié música, pero lo cierto es que nunca me sentí un buen instrumentista. Siempre estuve más ligados a los márgenes de los instrumentos. Lo primero que tuve fue una guitarra y le puse un motor. El pedal con el que empecé a experimentar fue un walkman. Lo desarmé y  distorsionaba de una forma muy bella y muy horrible al mismo tiempo. Pero mi formación es más bien autodidacta. Tomé herramientas de la electrónica, de la programación y de los materiales mismos. Después, con el tiempo, la búsqueda empezó a tomar cierta forma y empecé a dar clases.

Un día se junta, aleatoriamente, una manguera con una canilla con un globo y aparece un instrumento.

–¿Cómo aplicás la luthería en la docencia?

–La luthería experimental es un paraguas semántico que me permite hacer cualquier cosa. Le tengo mucho respeto a quienes hacen luthería con toda esa idea de precisión y tradición, que yo no la descarto, por eso me puedo apropiar del término. En cuanto al presente hay una tradición de experimentación super profunda y fértil en las disciplinas, pero no está tan institucionalizado. En las clases la pasamos todas y todos muy bien. Vengo un poco obsesionado con la idea del tiempo vital que utilizamos operando objetos. Tengo la teoría de que la perilla es la que nos modula a nosotros, así que tiene que estar bueno. Entonces, somos nosotros quienes tenemos que diseñarla y no al revés, para que sea tiempo vital disfrutado. Eso es lo que trato de transmitir en las clases.

A esta diplomatura de música expandida viene gente muy zarpada, muy talentosa que se permite jugar.

"Sobre cómo lidiar con la velocidad" 

–¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

–Conocer gente de muchas disciplinas distintas: de la danza, del arte visual, del teatro. Con la guitarra nunca viajé tanto como con mis instrumentos. Encontré una forma de contar cosas desde otro lugar. Cada instrumento nuevo me pide una forma nueva de relacionarme. Se abren otros mundos que me divierte explorar. Disfruto mucho de estar habitando un espacio distinto.

[fvplayer id="50"] Aerodrones es una performance que surgió cuando un grupo de artistas llamó a Bustos para hacer una intervención con mangueras. Era el cumpleaños de su hijo y había muchos globos en la casa. Se juntaron las mangueras con los globos y apareció la imagen: "tenía que sonar como un coro de barcos", dijo el luthier.

–¿Qué artistas te inspiran?

–Escuché y admiro a muchos músicos, pero últimamente pienso que mis referentes son dos diseñadores: uno es Michal Batory: un ilustrador. Cuando vino a Argentina le hice la música para su presentación de afiches. El otro es Carlos Macchi, del que fui varios años alumno en FADU.

–¿Cómo ves el futuro de la escena y que te gustaría que evolucione?

–Espero que haya mas interés e inversión en educación. Este tipo de experiencias nutre a todo el resto de la cultura. Hay un montón de instituciones que están revalorizando estas prácticas experimentales, pero eso hay que sostenerlo y empujarlo. A esta diplomatura de música expandida viene gente muy zarpada, muy talentosa que se permite jugar. Se arma una ebullición super interesante. Es una forma de juntar cosas para que aparezcan otras. No hay que subestimar al público porque están recontra inundados de lo contemporáneo.