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Sociedad

Mandinga Tattoo: marcas de cáncer y violencia transformadas por el arte sanador del tatuaje

Por Antonella Punzino

Que el tatuaje es una expresión de arte ya no es una discusión. Pero para que eso suceda tuvo que generarse un quiebre en la sociedad, en la percepción de las apariencias y también en el rol que hoy ocupan los dibujos en la piel: no solo son arte, también tienen el poder de sanar.

"Podés ser el tipo más rico del mundo pero cuando te morís lo único que te llevás a la tumba son los tatuajes. No hay más nada, no podés meter más nada", dijo Diego "Mandinga" Staropoli, fundador de "Mandinga Tattoo", a Diario Con Vos. Mandinga, uno de los salones de tatuajes más importantes del continente, está en los barrios porteños de Villa Lugano y San Telmo.

Podés ser el tipo más rico del mundo, pero cuando te morís lo único que te llevás a la tumba son los tatuajes. No hay más nada, no podés meter más nada".

A los 49 años Staropoli, además de ser el tatuador preferido de celebrities, deportistas y músicos, es el nexo para reparar las heridas de una enfermedad tan cruel como el cáncer de mama, cicatrices de accidentes y marcas de violencia de género.

"Tengo una frase tatuada que dice 'Todo Vuelve' –contó–. El tatuaje me ha dado tanto que desde hace años vivo devolviendo", expresó "Mandinga", que deja ver la pasión por su trabajo en cada historia que cuenta.

Viajes solidarios: "Mandinga" tatuando en el interior del país.

Pero su aporte social no termina ahí: Mandinga tiene una fundación con la que apadrina a escuelas rurales del interior y colabora en la lucha y concientización por el cáncer de mama atendiendo a mujeres para la detección temprana de la enfermedad.

En su programa en el Canal de la Ciudad –que conduce la exBandana Lowrdez–, Staropoli muestra los tatuajes que él y su equipo hacen. Participaron ya varios famosos. Y en sus espaldas lleva dos libros publicados, la organización de una feria en La Rural (una de las más grandes del mundo), un documental y pronto una travesía única desde Ushuaia a Alaska.

Los primeros pasos, con exconvictos como clientes

"Mandinga Tattoo Studio" abrió sus puertas el 13 de diciembre de 1993 en un minúsculo salón de una vieja galería comercial en el barrio porteño de Villa Lugano.

"No existía el tatuaje, no había nadie tatuado, salvo tatuajes en carcelarios y exconvictos. Apenas me tatué me enamoré, me volvía loco y lo vi como una posibilidad laboral. Así que empecé a buscar la forma de empezar a hacerlo, porque no se vendían insumos, era todo muy precario. Recién en el año '92 empecé a tatuar y en el '93 abrí el local", relató.

Apenas me tatué me enamoré, me volvía loco y lo vi como una posibilidad laboral".

Con una formación artística nula, Diego no tenía conocimientos para dibujar y menos para tatuar. "Cuando abrí el local el 50% de los clientes que tenía eran exconvictos, no se tatuaba la gente 'común'. Para mí en una parte fue durísimo, pero tenía un negocio y laburaba de eso. El otro porcentaje de la gente que venía eran punks o los seguidores del metal, porque ya se veían algunas bandas con tatuajes en Estados Unidos, entonces eran como influencers de toda esa tribu", contó Mandinga y además aseguró que "era muy poco lo que se trabajaba. Por ahí pasaban semanas y no tatuaba".

Pero si en la década del '90 estar tatuado o tatuada era un símbolo carcelario, hoy es artístico y cool.

Diego Staropoli en pleno trabajo sobre cicatrices.

"Yo creo que el quiebre no tiene mucho más de 15 años. Internet hizo que todo sea mucho más simple, que la gente pueda estar al tanto de todo lo que pasa en cualquier parte del mundo y que tengan acceso a las celebrities, deportistas, a la gente que marca tendencia en las redes sociales. También aparecieron los realities de tatuajes", dijo.

Tatuamos en la Quebrada del Humahuaca, en medio del campo y en pueblos. Cuando se corre la bola de que llegamos, viajan hasta 200 kilómetros para vernos".

A través de su experiencia, Diego destaca la importancia de poder cambiar y dejar de juzgar y estigmatizar las apariencias, en este caso la de las personas con tatuajes: "El caso de Marcelo Tinelli es emblemático. Estoy convencido de que aportó mucho a abrir cabezas, porque es un tipo que no lo ves haciendo gala de los tatuajes. Puede gustar o no pero claramente se tatúa para él, porque en general es un tipo que siempre está tapado", destacó Mandinga y mencionó que hoy Argentina es uno de los países que más consume tatuajes.

La solidaridad como bandera

Hace 12 años, Staropoli, decidió crear la Fundación Mandinga que apadrina a 13 escuelas rurales de San Juan, Santa Fe, Corrientes, Jujuy, Misiones y un hospital. ¿El objetivo? Llevar tatuajes sanadores a todo el país, además de realizar colectas con donaciones de útiles, alimentos y mercadería de primera necesidad para las comunidades que están relegadas de la sociedad.

Entrega de donaciones a comunidades rurales del interior.
Visita a una escuela de Ituzaingó, Corrientes.

"Siempre viajamos con algún tatuador amigo y gente que labura en el local. Nos ha tocado tatuar en la Quebrada del Humahuaca, en medio del campo y en los pueblos. Cuando se corre la bola de que llegamos, nos esperan personas que viajan quizás hasta 200 kilómetros para vernos", contó Staropoli.

"Club de las tetas felices" y "Tatuajes sanadores"

Diego tiene una historia familiar marcada por la enfermedad: su mamá, abuela y su tía pelearon contra el cáncer de mama, su papá falleció por cáncer y su hermano le ganó hace poco la batalla a un linfoma de Hodking. 

Así nació la iniciativa para aportar su granito de arena a la causa restaurando las aureolas mamarias, es decir los pezones, a las mujeres que fueron operadas por cáncer de mama.

El antes y el después de una restauración de aureoleas mamarias.

"Decidí empezar a hacer la reconstrucción mamaria de forma totalmente gratuita y permanente desde hace ocho años. Estamos dos o tres días por semana tatuando con un promedio de 40 a 50 mujeres por mes. Ya tatuamos a 1.426. A medida que van pasando los años, cada vez vienen más. Primero empecé solo y el año pasado mi hermano atravesó un linfoma de Hodgkin, y como forma de agradecimiento se sumó. Esto te tiene que nacer", expresó Mandinga.

Estamos dos o tres días por semana tatuando a entre 40 y 50 mujeres por mes. Ya tatuamos a 1.426".

Además, en la sucursal de San Telmo disponen de un consultorio donde los sábados atienden para la detección temprana del cáncer de mama. Alrededor de 50 mujeres se revisan allí al mes. Y la campaña de concientización no termina ahí; también organizan eventos solidarios como la "Caminata Rosa" para recaudar fondos para las pacientes de la enfermedad.

La fundación elige a las personas que tengan más del 80% del cuerpo afectado por las heridas y que además no tengan posibilidades de poder pagar los tatuajes.
Después de la intervención artística.

Por su parte, los "Tatuajes Sanadores" son tanto para hombres como mujeres que sufrieron accidentes. La mayoría son mujeres que se acercan a querer tapar sus heridas de la violencia que sufrieron por parte de sus exparejas. La fundación elige a las personas que tengan más del 80% del cuerpo afectado por las heridas y que además no tengan posibilidades de poder pagar los tatuajes.

La mayoría son mujeres que se acercan para tapar sus heridas de violencia de género.
Tatuaje terminado sobre una cicatriz.

"Es como que los tapamos con obras de arte, permitiéndoles sentirse nuevamente insertados en la sociedad. Hay personas que literalmente están desfiguradas. Si pensaba que lo de las aureolas mamarias era desbordante, esto es cien veces peor, no solo en lo emocional sino en la cantidad de gente. No son tatuajes simples, son personas que nadie en ningún lado quiere tatuar por la dificultad que implica", enfatizó Diego.

El trabajo creativo y solidario de Diego y sus colegas para sanar las heridas y darles un nuevo sentido no es en vano: "La carga emocional que traen es gigante, pero cuando se ven el espejo y miran sus cicatrices tapadas es algo indescriptible. Pasan de ser observados o discriminados por las quemaduras a ser mirados por los tatuajes. Esa mirada es distinta", dijo.

Mujer que superó un cáncer de mama. Antes y después.

"Los Fénix de Mandinga"

Una película documental que verá la luz este fin de año intentará mostrar el coraje, marcas, símbolos de resistencia, memoria y vida. Son las marcas de "Los Fénix de Mandinga".

"Son personas que se han potenciado, que viven en un invierno permanente donde no hay verano, piletas, sol, playas, musculosas. Este grupo de sobrevivientes tuvieron todos las mismas historias, pasaron por los mismos temores, por las mismas vergüenzas y ocultamiento", mencionó Staropoli.

Antes y después.
Antes y después.

Su relato se intensifica y se hace más crudo en cada historia y anécdota, pero que al fin y al cabo todos tienen el mismo final: un cuerpo con una historia nueva por contar y mostrar.

"Llega un momento en que la medicina estética no tiene forma de poder avanzar. Tatué a personas que tienen más de 50 cirugías reparadoras y ya no hay manera de recomponer los tejidos. Hay mucho dolor y sufrimiento", contó y agregó: "Esto es una revolución, por eso estamos haciendo una película documental".

De Ushuaia a Alaska: una travesía en motorhome para tatuar a todo el continente

Diego seguirá con sus proyectos solidarios y tatuando cuerpos marcados hasta que el suyo se lo permita. Junto a su esposa y sus dos hijos viajarán desde Ushuaia hasta Alaska en motorhome con "Mandinga por América": "En todo el trayecto y por todos los lugares y países que pasemos voy a estar una semana tatuando a mujeres con cáncer de mama y a una mujer que haya padecido violencia de género. Va a ser un viaje familiar pero que va a tener un sentido social", contó Diego con entusiasmo y alegría por la travesía.

"Creo que me quedan un par de años más, y cuando no pueda más, ojalá que algunas de las personas que tengo al lado tome la posta", aseguró.

De tatuar metaleros al museo

De tatuar a metaleros a crear una fundación, los Mandinga participaron de la Noche de los Museos de Buenos Aires mostrando el arte que vive en los cuerpos. Editaron dos libros que cuentan sus más de 25 años de historia, tienen un programa de televisión, "Mandinga TV" que fue premiado con un Martín Fierro, apadrinan escuelas del interior y también organizan en La Rural una expo que está en el podio de las más importantes del mundo.

¿Qué más harán? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que hoy dan alivio y esperanza a quienes creyeron haberla perdido, y ese es el mejor regalo en estos tiempos.