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Columnistas

La última victoria de Marley

Once meses antes de su muerte en 1981, Bob Marley era un hombre con una misión. A 12 mil kilómetros de su Jamaica natal, internado en el Sur del continente africano Robert Nesta bendijo el nacimiento de Zimbabwe. 

La historia, acaso una de las perlas más brillantes en la rica historia del cantante, comenzó unas semanas antes del surgimiento de la nueva nación cuando dos hombres de negocios fueron a verlo a su casa de Kingston. 

Job Kadengu y Gordon Muchannyuka sedujeron a Marley para que tocara la misma noche en que Rhodesia se iba a convertir en Zimbabwe y el cordón colonial de Gran Bretaña quedaría definitivamente cortado. 

Marley no era ajeno a los vientos de cambio que se avecinaban y no dudó. La causa africana siempre había estado presente en sus canciones y en sus creencias. No en vano Etiopía era la Tierra Prometida del Rastafarismo. 

Marley confirmó su presencia y la de sus Wailers para la histórica jornada que arrancaría el 17 de Abril de 1980. 

Claro que el , traía un sinfín de problemas logísticos. No había infraestructura para recibir a una estrella de ese calibre, mucho menos un sistema de sonido acorde a un concierto en un estadio. Chris Blackwell, su manager de origen inglés y artífice de la explosión de Marley en Inglaterra y luego en Europa se opuso a la aventura. Pero Bob no era de andar pidiendo permiso y rentó un sistema de sonido en Londres y lo despachó en avión a Zimbabwe pagando la factura de su bolsillo. 

El sueño imposible parecía más cerca. La figura de Robert Nesta Marley era una inspiración, un talismán, para la revolución que ya era imparable. La historia cuenta sobre tropas de la guerrilla del Frente Patriótico alimentándose con las canciones de Bob antes de entrar en acción. “La potencia de su música y el compromiso de sus letras va mucho más allá de un simple entretenimiento” explicó en 2015 Fred Zindi por entonces profesor de la Universidad de Zimbabwe. “Marley tiene un lugar especial dentro de la cultura del Tercer Mundo, es un artista que se identifica directamente con la lucha del África Negra y por eso fue el único artista extranjero que participó de las celebraciones de la independencia”, sostuvo. “Sus canciones eran el alimento de los movimientos de liberación, especialmente de los brazos armados que se las devoraban” rememoró Shadrack Gutto, profesor de derecho constitucional en Sudáfrica y que trabajó en Zimbabwe por 12 años. 

Un día antes del concierto, el miércoles 16 de abril, la banda pisó el aeropuerto por entonces llamado Salisbury Airport. Mientras la multitud intentaba vencer los esfuerzos policiales por proteger a los músicos, Bob Marley respiró la victoria. 

Mientras tanto, un Boeing 707 aún en viaje desde Londres, trasladaba 21 toneladas de equipo para sacar el concierto adelante. Era una operación logística inédita para el país y también una carrera contrarreloj. Cuando el aparato tocó tierra y descargó de sus bodegas todo el sistema de sonido y el backline  de la banda para llevarlo al estadio, quedaban menos de 8 horas para montar todo en el escenario. Una escueta crew de 12 hombres tenía que organizarse para llegar con el armado… y conseguir suficiente electricidad para alimentar al monstruo.


Mientras, Marley y el resto de los Wailers se alojaban en el Skyline Hotel, un motel en dudoso estado en las afueras de Harare. Los mejores alojamientos ya estaban ocupados por la prensa internacional que había ido a cubrir el evento y no había lugar para la estrella principal.

Pero Marley, una superestrella global y en el pico de su popularidad, no tenía interés en suites lujosas, sino en ver de primera mano lo que pasaba en las calles. Pasó la noche con ex guerrilleros y combatientes de la Revolución y al día siguiente recorrió 143 kilómetros para compartir un rato con granjeros cultivadores de marihuana en Mukoto y probar las bondades del porro local. 

En Harare, el lugar clave de la Revolución miles marchaban hacia el Rufaro Stadium para celebrar con Marley. A medianoche la bandera de Zimbabwe se alzó en el mástil blanco y el Príncipe Carlos, en aquél momento de 32 años, fue el encargado de ver arriar la bandera británica. Una banda militar tocó God Save The Queen por última vez ante la mirada del hijo de la Reina y una serie de dignatarios internacionales, enviados del Commonwealth Británico y políticos locales. Pero para el pueblo de Zimbabwe era la hora de Bob Marley. 

Cuando la banda tomó el escenario hubo una estampida incontenible de gente intentando entrar al estadio. La policía entró en pánico y repartió gases lacrimógenos sin miramientos. El humo alcanzó a la propia banda, empezando por las I Threes Marcia Griffiths, Judy Mowatt y Rita Marley (esposa de Bob). Las coristas abandonaron el escenario. “Cuando volvimos Bob seguía ahí, en su elemento”, recordó Rita años después en un documental. “Fue ahí cuando nos dijo: ahora sabemos quiénes son los verdaderos revolucionarios”. Bob Marley tenía muy claro a qué habían ido a Zimbabwe. 

Fue ahí cuando nos dijo: ahora sabemos quiénes son los verdaderos revolucionarios”.

El concierto, que se puede ver prácticamente entero en YouTube, arranca con Al Anderson, uno de los guitarristas, gritando Viva Zimbabwe! Recién en ese instante entra Marley, brazo en alto como un profeta a cantar Natural Mystic. El delirio era total. Tanta gente quedó afuera aquella noche que Bob accedió a dar otro concierto al día siguiente para que todos entendieran el mensaje en Zimbabwe. Tal como decía la letra de la canción homónima (tema que había surgido en una visita anterior al continente): Cada hombre tiene derecho a decidir su propio destino/ codo a codo, con armas, pelearemos esta pequeña batalla/ porque es la única manera de superar este pequeño problema (…)/ hermano, tienes razón, vamos a luchar por nuestros derechos”. 

Aquellos que escucharon cuidadosamente en medio de la celebración, supieron que el viaje hacia la libertad para Zimbabwe, al menos aquella noche, había comenzado. 

Al viaje de Bob Marley le quedaba menos de un año. Un melanoma detectado en 1977 se lo llevó un 11 de mayo de 1981 en un hospital de Miami. 

El entierro fue en Nine Mile, el pueblo de Jamaica en donde había nacido 36 años antes. Embalsamado dentro de un ataúd de bronce que contenía su Gibson Les Paul roja y una Biblia abierta en el Salmo 23, Robert Nesta Marley pasó a la inmortalidad. Se había convertido en leyenda mucho antes.

(*) Periodista, conductor de HaganCorrerLaVoz por undinamo.com y fotógrafo.