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Sociedad

Polémica la huerta urbana de la parrilla Don Julio: "Yo no me llevo ni un tomate", dijo el dueño

Una plazoleta seca del barrio porteño de Palermo se convirtió en centro de críticas y cuestionamientos esta semana: es que uno de los mejores restaurantes de Latinoamérica, Don Julio, firmó un conveno con la Comuna 14 para apadrinar una huerta urbana. La polémica se desató a partir de que un grupo de vecinos denunció que la plaza se desmanteló para usos privados. El dueño del restó, Pablo Rivero, desmintió esta versión: "Todo lo que se produce se dona a comedores y escuelas. Yo no me llevo ni un tomate", planteó en Radio Con Vos.

La iniciativa impulsada por Rivero consiste en generar alimentos orgánicos en base a una producción sustentable junto con los vecinos. Según explicó, la plaza tenía poco uso. "A raíz de la sanción de una ley sobre huertas urbanas el año pasado, presenté este proyecto en diciembre y me ocupé de dejar bien claro en el convenio que nosotros no nos íbamos a llevar nada de lo que se produjera allí; es más, lo tengo prohibido. Todo va a ser donado a comedores y escuelas", detalló.

La huerta estará ubicada en la esquina de Soler y Gurruchaga, en la plaza seca llamada Luna de Enfrente, en el corazón de Palermo Viejo. Serán los vecinos quienes participen tanto en el cultivo como en los cursos, y habrá capacitaciones y talleres. "La idea es que la trabaje la comunidad. Es un espacio público como cualquier plaza. Cualquier persona puede entrar, sentarse, tomar mate y ponerse a trabajar en las labores que haya para hacer en la huerta", argumentó Rivero.

"Este es un proyecto hermoso, primero porque le da un lugar al barrio que no se usaba; segundo, porque conecta con la naturaleza a gente que quizás no tiene un metro cuadrado de tierra; y tercero, porque vincula a los chicos con los alimentos y con la agricultura", opinó. Él será quien se encargue del mantenimiento de la huerta.

Sin embargo, un grupo de vecinos plantea que el terreno no estaba abandonado y que se está privatizando un espacio público con un proyecto que debería haber pasado por la Legislatura. Por eso, reclaman que vuelvan a reponerse los juegos de la plazoleta.

"Yo quedé atrapado en la grieta, porque los comuneros que no votaron en contra fueron cuestionados por sus propios compañeros de partido político. Entonces tuvieron que salir a decir algo, y la mejor idea fue decir cualquier cosa", retrucó el dueño del restaurante de Guatemala y Gurruchaga.

La producción todavía no comenzó y el Gobierno de la Ciudad aún no indicó a qué instituciones se enviarán las donaciones. "Espero que podamos zanjar la grieta, que dejen de decir cualquier cosa y se remitan a lo que está firmado. Y que nos permitan que el barrio pueda disfrutar la huerta sin mezquindades políticas", concluyó.